sábado, 14 de febrero de 2009

Las asociaciones ponerogénicas y sus efectos en la sociedad

El siguiente texto también fue extraido del libro El 11-S: la verdad definitiva, que contiene un resumen de Ponerología Política, obra que estará próximamente disponible en español.

Trata acerca de las asociaciones ponerogénicas. Describe en qué consisten, cómo se forman y decaen, y cuál es el grado de influencia negativa que ejercen en la sociedad como un todo. Esperamos que sea de su interés.

"Hemos identificado distintas piezas del rompecabezas patocrático: el enemigo invisible entre nosotros, el psicópata; el reconocimiento desde temprana edad de que son diferentes del resto de la sociedad normal; su conocimiento particular sobre la sociedad y los individuos normales, lo cual pueden utilizar para manipularnos y obtener lo que desean; y su capacidad para reconocerse mutuamente y trabajar juntos. Seguidamente observaremos el tema de las asociaciones ponerogénicas, es decir, asociaciones de individuos de diferentes tipos patológicos que trabajan en conjunto para imponer su visión y modo de experimentar el mundo sobre el resto de nosotros. Algunas de estas asociaciones son ponerogénicas desde el comienzo; otras comienzan como asociaciones de gente normal obrando por un mundo mejor, pero son tomadas por personas trastornadas y se convierten en el vehículo del poder patocrático:

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Llamaremos por el nombre de “asociación ponerogénica” a cualquier grupo de gente que se caracterice por procesos ponerogénicos de una intensidad social por encima de la media, en donde los portadores de varios factores patológicos cumplen la función de inspiradores, fascinadores y líderes, y en donde se genera una verdadera estructura social patológica. Las asociaciones más pequeñas y menos permanentes serán llamadas “grupos” o “uniones”.
Dicho tipo de asociación provoca el mal que hiere a otras personas así como a sus propios miembros. Podríamos crear una lista de los diversos nombres que la tradición lingüística ha adjudicado a tales organizaciones: bandas, pandillas criminales, mafias, grupos políticos y clanes, que evitan ingeniosamente el choque con la ley mientras buscan obtener ventajas.
Tales uniones aspiran con frecuencia al poder político con el propósito de imponer su oportuna legislación sobre la sociedad, en nombre de una ideología adecuadamente preparada, derivando ventajas bajo la forma de prosperidad y satisfacción desproporcionada de sus ansias de poder. […]
Un fenómeno que todos los grupos y asociaciones ponerogénicas tienen en común es el hecho de que sus miembros pierden (o ya han perdido) la capacidad de percibir individuos patológicos como tales, interpretando su conducta de una manera fascinada, heroica o melodramática. Las opiniones, ideas y juicios de personas portadoras de diversos déficits psicológicos son dotados de una importancia por lo menos igual a la de individuos sobresalientes dentro de la gente normal.
La atrofia de las facultades críticas naturales con respecto a individuos patológicos se convierte en una apertura para sus actividades, y al mismo tiempo en un criterio para reconocer la asociación en cuestión como ponerogénica. Llamemos a esto el primer criterio de la ponerogénesis.
[...]
Otro fenómeno que todas las asociaciones ponerogénicas tienen en común es su concentración estadísticamente más elevada de individuos con diversas anomalías psicológicas. Su composición cualitativa es crucialmente importante en la formación de la totalidad del carácter de las actividades, del desarrollo o de la extinción de la unión.
Grupos dominados por diversos tipos de individuos caracteropáticos desarrollarán actividades relativamente primitivas, demostrando que es bastante fácil que la sociedad de gente normal se quiebre. El asunto es diferente cuando tales uniones son inspiradas por individuos psicopáticos.
Luego Lobaczewski describe los dos tipos básicos de uniones ponerogénicas: las ponerogénicas primarias y las ponerogénicas secundarias:
Describamos como primeramente ponerogénica una unión cuyos miembros anormales se mantuvieron activos desde el principio, efectuando el rol de catalizadores de la cristalización tan pronto como ocurrió el proceso de creación del grupo.
Llamaremos secundariamente ponerogénica a una unión que fue fundada en nombre de alguna idea con un significado social independiente, por lo general incluida dentro de las categorías de la visión lógica del mundo, pero que luego sucumbió a una cierta degeneración moral. Esto a su vez abrió las puertas a la infección y activación de los factores patológicos en su seno, y luego a una ponerización del grupo entero, o a menudo de su fracción.
Desde el comienzo mismo, una unión primariamente ponerogénica es un cuerpo extraño dentro del organismo de la sociedad, ya que su carácter choca con los valores morales que la mayoría respeta. Las actividades de tales grupos provocan una oposición y disgusto, y se las considera inmorales; por regla general, entonces, tales grupos no se propagan demasiado ni se metastatizan en uniones numerosas. Finalmente pierden la batalla contra la sociedad.
Sin embargo, para que puedan tener la oportunidad de desarrollarse en una asociación ponerogénica de gran tamaño, basta con que alguna organización humana, caracterizada por objetivos sociales o políticos y una ideología con algún tipo de valores creativos, sea aceptada por un grupo más grande de gente normal, antes de que sucumba a un proceso de malignidad ponerogénica.
Es posible que la tradición primaria y los valores ideológicos protejan durante un largo tiempo a una unión que ha sucumbido al proceso de ponerización del sentido común sano de la sociedad, en especial sus componentes menos críticos.
Cuando los procesos ponerogénicos afectan a una organización humana de ese tipo, la cual emergió y actuó en nombre de propósitos políticos y sociales cuyas causas estaban condicionadas por la historia y la situación social, los valores primarios originales del grupo alimentarán y protegerán tal unión, a pesar de que aquellos mismos valores primaros hayan sucumbido a una degeneración característica, y que su función práctica se haya vuelto completamente distinta a la original, porque se retienen los nombres y los símbolos.
Simplemente porque un grupo opera bajo el título de “comunismo”, “socialismo”, “democracia”, “conservadurismo” o “republicanismo”, eso no significa en la práctica que sus funciones se acerquen siquiera a la ideología presente al comienzo. La ideología original sirve para disimular, porque las asociaciones ponerogénicas que comienzan con ideas patológicas no son aceptables en la sociedad normal. Y mientras los miembros normales continúen interpretando los ideales originales a través de su comprensión más profunda, estarán ciegos al proceso de ponerogénesis que está teniendo lugar en su centro.
Lobaczewski continúa luego describiendo cómo los trastornos complementarios de los distintos tipos patológicos trabajan en conjunto en tal asociación:
Las uniones ponerogénicas de la variedad primaria interesan principalmente a la criminología; nuestra mayor preocupación serán las asociaciones que sucumben al proceso secundario de malignidad ponérica. […]
Dentro de cada unión ponerogénica, se crea una estructura psicológica que puede ser considerada como la contraparte o caricatura de una estructura de sociedad u organización social normales. En una organización social normal, los diversos individuos con sus virtudes y defectos psicológicos, se complementan en sus talentos y características. Esta estructura está sujeta a la modificación diacrónica en lo que concierne a los cambios en el carácter global de la asociación. Lo mismo ocurre en una unión ponerogénica. Individuos con diversas aberraciones psicológicas también se complementan en sus talentos y características.
Con frecuencia, algunas fases tempranas de la actividad de la unión son dominadas por individuos caracteropáticos, y en particular paranoicos, que a menudo juegan un papel inspiracional o de fascinador en el proceso de ponerización. Recuerde aquí que el poder del caracterópata paranoico reside en el hecho de que esclaviza fácilmente las mentes menos críticas, por ejemplo a personas con otro tipo de deficiencias psicológicas, o que han sido víctimas de individuos con trastornos de la personalidad, y sobre todo una gran parte de la juventud.
Llegado a este punto, la unión aún exhibe una cierta característica romántica y todavía no se caracteriza por una conducta excesivamente brutal.
Un ejemplo podría ser el de una personalidad paranoica que se cree Robin Hood con la “misión” de “robar a los ricos para dar a los pobres”. Esto se puede transformar fácilmente en “robar a cualquiera para su propio beneficio” bajo el velo de que la “justicia social en contra nuestra hace que sea correcto”.
Sin embargo, al poco tiempo, los miembros más normales son empujados a dejar sus funciones y se los excluye de los secretos de la organización; como consecuencia, algunos abandonan la unión.
Luego, individuos con trastornos heredados se apoderan progresivamente de los puestos inspiracionales y de liderazgo. El rol de los psicópatas de base crece en forma gradual, a pesar de que les gusta mantenerse ostensiblemente discretos (ej. dirigiendo pequeños grupos), imponiendo el ritmo como eminencia gris. En las uniones ponerogénicas a una escala social mayor, el rol de líder por lo general está representado por un tipo de individuo diferente, uno que es más fácilmente digerible y representativo. Algunos ejemplos incluyen la caracteropatía frontal, o algún complejo más discreto de rasgos menores.
Al principio un fascinador hace simultáneamente de líder en un grupo ponerogénico. Más tarde aparece otra clase de “talento de liderazgo”, un individuo más vital que por lo general se une más tarde a la organización, una vez que ésta ya ha sucumbido a la ponerización. Se fuerza al individuo fascinador, por ser más débil, a llegar a un acuerdo siendo desviado hacia las sombras y reconociendo el “genio” del nuevo líder a menos que acepte la amenaza de una pérdida total de su lugar en la unión. Se distribuyen los roles. El fascinador necesita el apoyo del líder original y decisivo, quien también necesita a cambio al fascinador para sostener la ideología de la asociación, tan esencial para mantener la actitud adecuada en aquellos miembros de la lista que insinúan una tendencia a la crítica y dudan de la variedad moral.
La nueva tarea del fascinador pasa a ser la reestructuración apropiada de la ideología, deslizando nuevos contenidos bajo títulos antiguos, para poder de esa manera seguir cumpliendo con su función propagandística bajo condiciones constantente cambiantes. También debe sostener la mística del líder dentro y fuera de la asociación. Sin embargo, no puede haber plena confianza entre los dos, ya que el líder desprecia secretamente al fascinador y su ideología, mientras que este último desprecia al líder por ser un individuo tan ordinario. La confrontación siempre es probable; sin embargo, quienquiera que sea el más débil se convierte en el perdedor.
La estructura de dicha unión sufre una diversificación y especialización aun mayores. Un abismo se crea entre las masas de miembros más morales y los iniciados de la elite, quienes por regla general son más patológicos. Este último subgrupo se ve cada vez más dominado por factores patológicos hereditarios, siendo estos por los efectos que siguen a diversas enfermedades que afectan al cerebro, y también por individuos psicopáticos menos típicos y por gente cuyas personalidades con trastornos fueron causados por una privación previa o por métodos de crianza brutal por parte de individuos patológicos. Pronto resulta que queda cada vez menos lugar para la gente normal en el grupo. Los secretos y las intenciones de los líderes permanecen escondidos al proletariado de la unión; los productos del trabajo de los fascinadores deben bastar para este segmento.
Un observador que está siguiendo las actividades de tal unión desde afuera y que utiliza una visión psicológica natural del mundo siempre tendrá tendencia a sobrestimar el rol del líder y su función supuestamente autocrática. Los fascinadores y el aparato de propaganda son movilizados para mantener esta opinión externa errónea. No obstante, el líder depende de los intereses de la unión, y en especial de los iniciados de la elite, mucho más de lo que cree. Libra una batalla constante de maniobras; es un actor con un director. En las uniones macrosociales, esta posición la ocupa por lo general un individuo más representativo que no está desprovisto de ciertas facultades críticas; iniciarlo con todos esos planes y cálculos criminales sería contraproducente.
En conjunción con parte de la elite, un grupo de individuos psicopáticos que se esconden detrás del escenario manejan al líder, del mismo modo que Borman y su camarilla manejaban a Hitler. Si el líder no cumple con el rol que se le asigna, sabe por lo general que la camarilla que representa a la elite de la unión está en posición de asesinarlo, o de lo contrario quitarlo de su puesto. […]
Hemos hecho un esquema de las propiedades de las uniones en las cuales el proceso ponerogénico ha transformado su contenido original, generalmente benévolo, en un homólogo patológico del mismo, y ha modificado su estructura y sus últimos cambios de un modo lo suficientemente amplio para que abarque el espectro más grande posible de este tipo de fenómenos, desde la escala social más pequeña a la más grande. Las reglas generales que gobiernan esos fenómenos parecen ser al menos análogas, independientemente de la escala cuantitativa, social e histórica de tal fenómeno."

1 comentario:

Maria Isabel dijo...

Ya encontre mas sobre el tema,aunque me cuesta trabajo entenderlo todo como yo quisiera,pero sigo leyendo.