miércoles, 30 de abril de 2008

Psicopatía política: los arribistas

Carlos Báez Evertsz
Clave Digital
29/04/08

Los psicólogos D.L. Paulhus y K.M. Williams, han expuesto lo que denominan la “tríada oscura”, es decir, unas personalidades psicopáticas, que incluyen tres tipos. Los que textualmente llaman los “autopromotores aberrantes”, lo que la gente denomina comúnmente, arribistas y en otras latitudes llaman trepas; los maquiavélicos y los narcisistas.

Vamos a referirnos, brevemente, a los arribistas o trepas. Su rasgo definitorio es que intentan ascender sin importarles cómo y barriendo con todos los obstáculos que se encuentran de por medio. Suelen ser una versión de Dr. Jeckyll o Mr. Hide, adaptando su discurso y conductas según quien tenga delante.

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Suelen presentarse como el más fiel, leal, dócil, incluso servil, seguidor del dirigente o jefe al que se arriman para trepar. Se pegan a él como una lapa para esperar su oportunidad. Mientras otros miembros del grupo cercano al dirigente muestran sus discrepancias, le objetan en algún punto, lo que caracteriza al arribista es su extrema prudencia. Y su capacidad de adular...a los poderosos. Huye de los débiles, de los que carecen de poder, dinero o prestigio social.

De esa manera, mientras otros dirigentes, mejor considerados y con más experiencia, chocan entre sí. Éste permanece siempre “flotando” entre las disputas, buscando la síntesis que equilibra posiciones contrapuestas, y evitando mostrar un perfil definido.

Llegado un momento, el jefe o esos mismos dirigentes con mayores conocimientos, experiencias o prestigio en su organización, prefieren proponerlo a él para puestos de importancia, que a otros de sus pares o semejantes, a los que estiman con personalidades más fuertes o más combativos en sus posiciones.

Como el famoso personaje de la novela de Kosinzki, “Desde el jardín”, forja su prestigio por la no discrepancia, y por decir frases o lugares comunes generales que cualquiera puede admitir, y que dichas de una manera solemne o retóricamente correcta, le forjan un cierto prestigio. Le eligen no tanto por sus cualidades relevantes, sino porque es admitido por los diferentes grupos, al ser, en el fondo, minusvalorado por todos ellos. En definitiva, todos creen que lo van a manipular y utilizar. Y resultará al revés.

Cuando está ya mejor situado en la organización comienza a utilizar sus armas de la auto propaganda, el marketing personal (saber venderse), y no se arredra en levantar calumnias bien distribuidas y calculadas para eliminar o desprestigiar a sus competidores o enfrentarlos entre sí. Hay que decir, que usar esas armas no le produce ningún tipo de revulsivo moral. Se trata de buscar su interés personal y para este tipo de psicópatas, eso lo justifica todo.

Ortega y Gasset decía de un cierto tipo de políticos, que veían a los demás, a los otros, como simples agarraderas, empuñaduras que se cogen para ser usadas en función de sus propósitos. El arribista, el trepa, ve a las personas como medios, instrumentos para sus fines individuales.

Es además un individuo de cuidado, una persona peligrosa para quien denuncia sus métodos, porque como personalidad psicopática que es, guarda una gran dosis de rencor y desprecio, para los que no son como él, y además, no puede engatusarlos y envilecerlos.

Una vez que estos psicópatas alcanzan una posición de poder en una organización se van convirtiendo en una amenaza tremenda para ella, ya que si es un arribista de "pura cepa", hará todo por acumular el mayor poder posible en sus manos. Irá prescindiendo de sus ex compañeros, para irlos sustituyendo por personas que le deban todo a él. De manera, que el camino de su ascensión va siempre cubierto de los cadáveres de sus antiguos compañeros.

En nombre de “modernizar”, “reformar”, “adaptar” la organización, el Estado, la administración, los irá sustituyendo, porque ya no están a la altura de los tiempos o de los objetivos que se deben alcanzar. Se rodeara de recién llegados, “seguidores incondicionales” a su persona, y tratará de seguir ascendiendo, como trepador nato, hacia esas cumbres a las que se cree está llamado para cumplir su destino personal manifiesto.

Bruselas, 6 de abril de 2004

Comentario: Como Andrew Lobaczewski escribe en "Ponerología Política"

En cualquier sociedad de este mundo, individuos psicopáticos y algunos de los otros trastornados crean una red ponerogénicamente activa de confabulaciones en común, parcialmente enajenadas de la comunidad de gente normal. Un cierto rol inspirador de la psicopatía de base en esta red también parece ser un fenómeno corriente.
Son conscientes de que son diferentes a medida que van obteniendo experiencia de vida y se familiarizan con las distintas maneras de luchar por sus objetivos. Su mundo está dividido para siempre en “nosotros y ellos” (su mundo con sus propias leyes y costumbres y ese otro mundo extraño lleno de ideas descabelladas y de costumbres a la luz de las cuales ellos son condenados moralmente).
Su ‘sentido del honor’ los invita a engañar y a injuriar a ese otro mundo humano y sus valores. En contradicción con las costumbres de la gente normal, ellos sienten que no cumplir con sus promesas y obligaciones es un comportamiento habitual.
También aprenden cómo sus personalidades pueden llegar a tener efectos traumatizantes en las personalidades de esa gente normal, y cómo sacar ventaja de esta raíz del terror para alcanzar sus objetivos.
Esta dicotomía de mundos es permanente y no desaparece ni siquiera si ellos logran hacer realidad sus sueños de obtener poder por encima de la sociedad de gente normal. Esto demuestra que la separación está biológicamente condicionada.
En esta gente un sueño emerge como una cierta utopía juvenil de un mundo ‘feliz’ y de un sistema social que no los rechazaría ni los forzaría a someterse a las leyes y costumbres cuyo significado les es incomprensible. Sueñan con un mundo en el cual prevalecería su manera simple y radical de experimentar y percibir la realidad; en donde se les aseguraría, por supuesto, la seguridad y la prosperidad. Esos ‘otros’ –diferentes pero también más capacitados técnicamente– deberían ser puestos a trabajar para lograr este objetivo. ‘Nosotros’, después de todo, crearán un nuevo gobierno, uno de justicia. Están preparados para luchar y sufrir por el bien de dicho nuevo mundo feliz, y también por supuesto, para infligir sufrimiento en los demás. Esa visión justifica asesinar a gente cuyo sufrimiento no los conmueve porque ‘ellos’ no son lo suficientemente conespecíficos. [Andrew Lobaczewski, Ponerología Política]

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